En mayor o menor grado, toda ciudad participa de este carácter sagrado y es un santuario, si no de religión, por lo menos de la historia. De esta forma, el suelo convertido en patria tiene que tener una especial significación. La ciudad se implanta en él, es decir, se arraiga como el vegetal. Una factoría, en cambio, más que implantarse lo que hace es imponerse sobre la tierra, utilizarla en su provecho, violentarla si es preciso. Es un acto de imposición en lugar de implantación, posturas a todas luces antiéticas. Si la ciudad conforma la naturaleza, la industria generalmente la deforma; es la diferencia de verla como patria o como instrumento.
Lección 2: La ciudad, arvhico de la historia
Breve historia del urbanismo.
Fernando Chueca Goitia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario